El Realismo mágico

En el uso de esta técnica, la narración, que parte de elementos realistas, se interna en una descripción pormenorizadora de los hechos, los personajes y la naturaleza de América, en la que “lo real” convive con “lo mágico”. De esta conjunción nace el realismo mágico. El realismo mágico surge en uno de los extremos de lo real, y es allí donde se establece y edifica su narración. Ciertos hechos sorprendentes son tomados como naturales.

Los autores de este movimiento eligen los procedimientos neobarrocos para su expresión literaria, ya que consideran que la desmesura de la realidad (reparar hasta en los detalles más insignificantes) y los acontecimientos de Latinoamérica encajan con precisión en los moldes de la artificiosidad y la parodia. Esta relación es tan estrecha que no existe manera de separar esta temática americana de los textos literarios.

Estas serían algunas de las pautas:

1. En la acción que se narra irrumpe de pronto un prodigio.

2. Para explicar lo inexplicable intervienen “agentes misteriosos”.

3. En vez de presentar la magia como si fuera real, presenta la realidad como mágica.

4. El autor no hace aclaraciones ni explicaciones racionales.

5. “Entre la disolución de la realidad (magia) y la copia de la realidad (realismo) el realismo mágico se asombra como si asistiera al espectáculo de una nueva Creación.”

6. “Los sucesos siendo reales, producen la ilusión de irrealidad”.

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Vamos a leer algunos ejemplos de realismo mágico en la novela Como agua para chocolate:

Dicen que Tita era tan sensible a la cebolla que desde que estaba en el vientre de mi bisabuela (Mamá Elena) lloraba y lloraba cuando ésta picaba cebolla; su llanto era tan fuerte que Nacha, la cocinera de la casa, que era medio sorda, la escuchaba sin esforzarse. Un día los sollozos fueron tan fuertes que provocaron que el parto se adelantara. …Contaba Nacha que Tita fue literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina. En la tarde, ya cuando el susto había pasado y el agua, gracias a los efectos de los rayos del sol, se había evaporado, Nacha barrió el residuo de las lágrimas que había quedado sobre la loseta roja que cubría el piso. Con esta sal rellenó un costal de cinco kilos…”

Otro ejemplo:

Tita nunca la pudo convencer (a su madre) de que el único elemento extraño en él (bizcocho de bodas) fueron las lágrimas que derramó al preparalo. …el llanto fue el primer síntoma de una intoxicación rara que tenía algo que ver con una gran melancolía y frustración que hizo presa de todos los invitados y los hizo terminar en el patio, los corrales y los baños añorando cada uno el amor de su vida. …sólo algunos llegaron a tiempo a los baños; los que no, participaron de la vomitona colectiva que se organizó en pleno patio.”

“Pedro, tratando de ayudarla a salir adelante (a Tita), pensó que sería un buen cumplido llevarle un ramo de rosas… Mamá Elena, con sólo una mirada, le ordenó a Tita salir de la sala y deshacerse de las rosas. Tita apretaba las rosas con tal fuerza contra su pecho que, cuando llegó a la cocina, las rosas, que en un principio eran de color rosado, ya se habían vuelto rojas por la sangre de las manos y el pecho… Lo único que tenía en ese momento eran codornices, así que decidió alterar ligeramente la receta, con tal de utilizar las flores. …Tal parecía que en un extraño fenómeno de alquimia su ser se había disuelto en la salsa de las rosas, en el cuerpo de las codornices, en el vino y en cada uno de los olores de la comida. Parecía que habían descubierto un código nuevo de comunicación en el que Tita era la emisora, Pedro el receptor y Gertrudis la afortunada en quien se sintetizaba esta singular relación sexual, a través de la comida.”

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Sin duda uno de los autores que mejora ha sabido manejar el realismo mágico, ha sido G. García Márquez en Cien años de soledad. Lee el comienzo de la novela:

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo”.
Otro ejemplo:

“una noche en que no podía dormir, Úrsula salió a tomar agua al patio y vio a Prudencio Aguilar junto a la tinaja. Estaba lívido, con una expresión muy triste, tratando de cegar con un tampón de esparto el hueco de su garganta. (…) – Vete al carajo- le grito José Arcadio Buendía-. Cuantas veces regreses volveré a matarte. (…)

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