Luis García Montero 5 de Abril de 2011.

Los uniformes, el amor,

– Pues yo un día voy a hacerme una cresta.

Vamos camino del colegio, hemos visto pasar a un punki con una cresta roja y mi hija Elisa se apresura a decirme que quiere hacerse una. Ya lleva un mechón rojo que le hicieron en la peluquería de su madre. Cuando muestro mi horror ante la idea de la cresta, me explica que en su instituto estudian amigos con la cabeza rapada, amigos pelo Chelsea y greñudos con rastas. El chico que le gusta tiene una cresta. Como le advierto que no voy a permitírselo, me llama reaccionario. Es posible que tenga razón, pero intento explicarme.

– Es que a mí no me gustan los uniformes. Déjame que te cuente una cosa. Cuando yo tenía once años, quise meterme en la OJE, una asociación juvenil de Falange. A los niños les daban uniformes, zapatos de excursión, un cuchillo de monte y la posibilidad de ir a campamentos y dormir en tiendas de campaña. El abuelo Luis me lo prohibió, me dijo que no tenía edad para tomar decisiones que tal vez podían marcar mi vida. Y no sabes cuánto se lo he agradecido.

– ¿El abuelo? ¡Con lo facha que es! No me lo creo.

– Pues es mejor que te lo creas. Podía haberme animado o haber pasado de mí. Pero soportó una pelea conmigo, porque pensó que yo había tomado una decisión infantil. Una cosa es querer ir de excursión y otra meterse en una organización falangista.

– ¿Y eso que tiene que ver con mi cresta?

– Es también una manera de ponerte un uniforme. Y eso lo decidirás, si quieres, más adelante. A tus catorce años, eres mi responsabilidad. Yo soy muy crítico con la realidad, pero no me gustan los uniformes antisistema.

– Eres un reaccionario.

– Es la segunda vez que me lo dices, y me has dado el derecho a que yo te llame payasa. Los reyes tienen bufones y el sistema tiene payasos. Confundir la libertad con los márgenes o los uniformes antisistema, es una manera de integrarse al sistema en calidad de payaso. Aunque vayan sin cresta, son mucho más combativos contra el sistema los que estudian y se preparan para transformar la realidad. ¿Dios o el Demonio? ¿Quién te cae más simpático?

– El Demonio.

– Pues pertenece al mismo mundo que Dios, es tan religioso como él. De lo que se trata es de pensar en otro mundo. El Demonio no es más que el bufón de Dios.

– Estás insoportable.

– En este momento, los verdaderos antisistema, los que están acabando con todo, son los especuladores, los dirigentes de los mercados financieros. Su avaricia se les ha escapado de las manos y corre sin freno por el planeta. Frente a ellos, más que ponernos crestas y escenificar desprecios contra la sociedad, lo que debemos hacer es reivindicar la comunidad, los vínculos. De lo que me has contado, lo único importante de verdad es que te gusta un chico.

– Mi novio.

– ¿Y te sientes unida a él? Formas una comunidad con él. Eso es más importante que las crestas. Yo te quiero, formo una comunidad contigo, tus hermanos, tu madre. En vez de las crestas, creo que ahora es más interesante utilizar el amor como metáfora. De esta crisis, como nos descuidemos, vamos a salir todos como lobos esteparios, como salvajes, sin derechos colectivos, peleándonos los unos contra los otros. Hay que hablar mucho de comunidad.

– Te pones poético, o yo que sé, y eres imposible.

– Sí, me pongo poético. Soy un padre que no renuncia a formar una comunidad con su hija. Tú pareces una especuladora de Wall Street. No piensas ni en tu padre.

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