Día del libro

He encontrado esta iniciativa y me ha parecido que os puede interesar:

Tu vida en un libro: ¿Qué libro serías?

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La Escuela de Escritores convoca a todos los internautas a celebrar el Día del Libro de este año de una forma diferente: revelando “el libro que seríamos si las personas fueran libros”. Del 1 al 23 de Abril se podrá rellenar en la página de la Escuela un formulario presentando un libro que por sus características o por las circunstancias en las que lo leímos está tan unido a nosotros como para considerarlo nuestro otro yo.

Todos tenemos un libro ─novela, poemario, libro de cuentos, libreto, obra de teatro, ensayo─ al que no solo debemos agradecer la pasión que sentimos por la Literatura, sino que marcó el rumbo de nuestras vidas. Por tanto, no se trata de escoger el mejor libro escrito jamás, sino aquella obra que, al leerla, nos cambió para siempre.

Los profesores de la Escuela ya han empezado a aportar los libros con los que se identifican para animar a todos a participar. Lorenzo Silva escogería ser El Proceso de Kafka (Porque habla de un concepto clave: la culpa), Soledad Puértolas sería Escapada de Alice Munro (La vida deambula, los personajes deambulan, la prosa de Munro fluye) y Andrés Neuman los Poemas póstumos de César Vallejo (Pocos autores han escrito libros que fueran tan personas).

La identificación entre individuo y libro será llevado a sus extremos más bradburianos el 23 de Abril de la mano del Proyecto Fahrenheit 451. Como ocurría en la novela, varias personas se harán depositarias biológicas de un libro memorizándolo por completo y recitándoselo a los demás.

Así que venga: ¿quién se anima a sacar y compartir su doble-yo literario? Imagino que si tuviera que ser un libro yo sería el de Apuleyo, El Asno de Oro. Por motivos más que evidentes…

Como veo que ha habido alguna confusión, aclaro que lo de arriba lo ha escrito Paolo Favat. A mí El Asno de Oro me gusta, pero no es mi libro entre los libros. Si me voy muy atrás, a las primeras lecturas, creo que fue Mujercitas (aunque no me veais, seguro que sabéis que me estoy sonrojando al confesar esto). Me gustaba especialmente el personaje de Jo, su inconformidad, su arrojo, su pasión por la escritura y la vida en general. Además, y esto ya es aún más personal, ése libro, esas primeras lecturas, esa época, me recuerda deliciosamente a mi madre. Era suya aquella edición que me prestó siendo muy pequeña y que luego yo, o alguno de mis hermanos, no recuerdo, nos encargamos de destrozar. Y también de aquellas primeras lecturas heredadas de mi madre, le debo un homenaje a Viento del Este, viento del Oeste, de Pearl S. Buck. estarán pasadas de moda, pero a mí en su momento me marcaron.

Y menos sonrojante, La voz a ti debida, de Pedro Salinas. Me lo regaló una amiga cuando cumplí dieciséis años y no podía parar de leerlo. La atracción fue tan fuerte que hoy he perdido la relación con aquella amiga y con el chico en el que pensaba al leer los textos, pero sigo fiel al libro.

Bueno, parece que había quedado mejor con lo del Asno de oro ¿no? Al menos más cultureta. Pero, así es la vida, Carlota.

Via | La Vanguardia
Sitio Oficial | ‘Tu vida en un libro’ en la Escuela de Escritores

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4 comentarios en “Día del libro

  1. Como ya te comenté en la escalera, tengo bastante claro con qué libro me identifico… Te dejo aquí el texto que he mandado a la web.
    Besos ^^

    “Ese libro y yo nos encontramos hará unos tres años, mientras pasaba unos días en casa de mi abuela. Me habían hablado muy bien de él, pero no estaba en mi casa y no me hallaba en buenas condicones económicas. Yo tenía 14 años y mi abuela hizo lo que nadie había hecho nunca: me prohibió leer.
    “No es apropiado para tu edad”dijo”No quiero que lo leas, y menos si es mío.”
    Y lo escondió.
    Unos días más tarde, calmadas las aguas, revolví todo el pasillo (cubierto de estanterías) de casa de mi abuela, buscando el objeto deseado. Lo encontré al fin, oculto tras un misal y un tomo del DRAE de los 70. Le puse la sobrecubierta de “El nombre de la Rosa” y lo leí en las narices de mi abuela, que no sospechó.
    Cuando llegó la hora de irme a casa, me llevé el libro para terminar de leerlo en territorio seguro. Su sobrecubierta quedó olvidada en los estantes de mi abuela.
    Lo he leído cinetos de veces y me identifico tremendamente con él: Su amargura y fatalismo me transmiten un cinismo iróncio que me hace sonreír, y comparto con su protagonista, teresa Mendoza, más cosas de las que pueden pensarse.
    Por esto, tanto por su extraña relación conmigo como por mi conexión con su historia, yo sería este libro,si las personas fuéramos libros .”

  2. Confieso que nunca he sabido responder a este tipo de cuestiones, es como cuando te preguntan qué tres cosas te llevarías a una isla desierta, hasta me da un poco de vértigo, (¡Dios!, si lo primero que pienso es qué iba a hacer yo allí y lo poco que me apetece ir, no qué me llevaría…). Bueno, ya advierto que no voy a afinar mucho. Yo me quedaría con un ensayo del tipo “El cuento de nunca acabar” o alguno similar que se fuera sucediendo de forma fragmentaria como “Diario de 360º” de Luis Goytisolo, “Ventanas de Manhattan” de Muñoz Molina, “Carpeta de apuntes” de Michael Ende, algún diario de Trapiello, etc. No sabría muy bien decir por qué.
    Por enredar un poco más, se podría preguntar ¿qué poema serías?, ¿qué verso serías? o ¿qué canción serías?. Esto si lo veo un poco más claro porque me resulta más sencilla la identificación: al ser más breve es más intensa. Confieso que, aún así, lo asocio a un estado de ánimo y no tanto a una forma de ser. Yo no soy x, sino que últimamente me siento x. Además, los versos o los poemas se tienen más presentes, son más cortos, nos los repetimos mentalmente con más facilidad y hasta pueden cantarse, quizás esto favorezca que nos identifiquemos más con ellos, no sé. Por ejemplo, ya que citas a Salinas, siempre me han gustado estos versos:
    Cada beso perfecto aparta el tiempo,
    lo echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
    donde puede besarse todavía.
    Ni en el llegar, ni en el hallazgo
    tiene el amor su cima:
    es en la resistencia a separarse
    en donde se le siente,
    desnudo, altísimo, temblando.
    Por carácter, citaría ese poema de Alberti: “Ven, mi amor, en la tarde del Aniene…”. La poesía de tradición oral me atrae mucho por su simplicidad y naturalidad frente a lo recargado, artificial, rebuscado y barroco, que suelo rechazar. En fin, ¡hay que ver cómo eres!: me has dado tema en el que pensar para una temporada.

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