6.3.3. Cinco horas con Mario

1Puedes leer la novela en el enlace:

http://es.scribd.com/doc/23166209/Miguel-Delibes-Cinco-Horas-Con-Mario

Esta novela se publica en 1966 dentro del proceso de renovación formal de la novela. Por un lado contrasta con la obra anterior de Delibes, tradicional en cuanto a la forma narrativa y por otro, refuerza la postura crítica y de denuncia, característica del novelista.

El contenido es muy sencillo: se trata de un largo soliloquio, en la que una mujer, Carmen, representante de la pequeña burguesía del franquismo, le reprocha a su marido, muerto repentinamente y al que está velando en una habitación de su casa, su fracaso matrimonial, su frustración personal. Visto en clave simbólica, el modo en que Carmen le recrimina a su esposo muerto —Mario, un profesor liberal e idealista— sus aparentes inadaptaciones al sistema social que ella juzga idóneo, viene a resumir, bajo la impresión de una riña matrimonial, los preceptos que por tanto tiempo han separado a los españoles. «Mario y Carmen —escribe Edgar Pauk— representan las dos Españas, las eternas diferencias entre dos formas de enfocar la realidad» (Miguel Delibes. Desarrollo de un escritor. Madrid, Editorial Gredos, 1975, p. 99). Pese a la pátina de ironía que cubre todo el texto, la denuncia es clara, y así, por boca de Carmen, el autor desahoga su indignación contra el clasismo, la envidia y otras formas de necedad que acaso componen lo peor de la vieja herencia ibérica. Con singular sonoridad, el siguiente reproche de Carmen queda dominado por los citados pensamientos, y de algún modo los viene a compendiar: «Mario, cariño, lo que pasa es que ahora os ha dado la monomanía de la cultura y andáis revolviendo cielo y tierra para que los pobres estudien, otra equivocación, que a los pobres los sacas de su centro y no sirven ni para finos ni para bastos, les echáis a perder, convéncete, enseguida quieren ser señores y eso no puede ser» (Cinco horas con Mario, Barcelona, Destino, 1981, p. 66).

La novela consta de un prólogo, veintisiete capítulos numerados, que comienzan con una cita de la Biblia, que la protagonista malinterpreta y un epílogo. El espacio se ha reducido: una habitación de una casa en una ciudad provinciana de la España de posguerra y el tiempo también: veintisiete años de vida matrimonial en cinco horas.

Hay que insistir en que el soliloquio de Carmen resume cierta inclinación de la vieja clase media española. La viuda, con justificados deseos de ascenso en la jerarquía social, acusa al difunto de emplearse en fines menos prácticos. Introduciendo una clave religiosa, Luis López Martínez añade otro matiz complementario. A su modo de ver, mediante las acusaciones de Carmen a Mario, «lo que Delibes quiere darnos es el documento social de una época contraponiendo el antiguo catolicismo español, tradicional y conservador, reflejado en la figura de Carmen, y las nuevas tendencias de la Iglesia defendidas y llevadas a la práctica por Mario. El hecho de que Delibes haya dedicado esta novela a José Jiménez Lozano, comentarista religioso de la revista Destino, muestra ya de antemano el fondo combativo y polémico de la misma» (La novelística de Miguel Delibes, Murcia, Publicaciones del Departamento de Literatura Española, Universidad de Murcia, 1973, p. 166-167).

Mucho se ha escrito asimismo acerca de la estructura de la obra, interpretable como un puro soliloquio o como un diálogo sin interlocutor que pueda responder. Manuel Alvar insiste en que vienen a ser la misma cosa monólogo interior y diálogo interior, pues al fin y al cabo es el hablante «quien se desdobla dramáticamente y habla consigo mismo, convertido el yo en una necesaria interpretación dual de sí mismo» (El mundo novelesco de Miguel Delibes, Madrid, Editorial Gredos, 1987, p. 96). De otro lado, Carmen Martín Gaite juzga que, si las asociaciones de ideas que brotan en la mente de la protagonista no estuviesen motivadas por la contemplación de «un rostro cuya cercanía y presencia hacen olvidar que ya no puede emitir respuesta alguna, el estallido de desahogo no se produciría con semejante virulencia. Y la razón me ha saltado a los ojos con una prioridad que en otras lecturas estaba aletargada. Carmen Sotillo tiene sed atrasada de interlocución con su marido, y los reproches que le dirige, que aún le puede dirigir porque le ve la cara, están, se refieran a lo que se refieran, imbuidos de esta carencia fundamental» («Sexo y dinero en Cinco horas con Mario, en Miguel Delibes. Premio Letras Españolas 1991, op. cit., p. 132).

Llama la atención en esta novela el lenguaje: léxico vulgar, imprecisión, reiteración, tópicos, comodines, frases hechas, elipsis, anacolutos, concordancias equivocadas etc. la técnica narrativa: el monólogo interior, un aspecto esencial en la renovación de las técnicas narrativas de los años 60, esa constante segunda persona del discurso, que increpa que se obsesiona, que hace las más caprichosas asociaciones.

Valor fundamental de esta obra es que a través de una pequeña historia de infidelidad, de sentimiento de culpa, Delibes nos hace un maravilloso retrato de los valores morales de la sociedad franquista a través de las ideas de Carmen, sobre el sexo, el dinero, el matrimonio, la religión, la diferencia de clases etc.

Puesta en escena por Josefina Molina, la versión teatral se estrenó el 26 de noviembre de 1979 y se mantuvo en cartel hasta el 1 de enero de 1990, convirtiéndose en uno de los montajes más longevos de la historia del teatro español. Teniendo esto en cuenta, no sorprende que vuelva a reestrenarse periódicamente, con la misma actriz, Lola Herrera, en el papel protagonista y la misma dirección escénica.

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