5.2.1 Federico García Lorca

De Lorca he elegido esta presentación con fotos y música que todos  vais a reconocer:

EL AMOR OSCURO DE
FEDERICO GARCÍA LORCA
Lorca era un hombre apasionado, arrollador, irrefrenable. En él bullía la arrogancia de un niño y la severa angustia de una frustración latente. Ian Gibson repite sin paliativos la fascinación que Lorca ejercía entre sus contemporáneos, su carisma irresistible, la atracción perceptible de una mirada “cuyo misterio jamás llegaremos a penetrar”. Es, junto a Cervantes, el autor español sobre el que más estudios, tratados y biografías se han escrito. Vicente Aleixandre recordaba así la lectura de estos poemas que él llamó del “Amor oscuro”:

“… Recordaré siempre la lectura que me hizo, tiempo antes de partir para Granada, de su última obra lírica, que no habíamos de ver terminada. Me leía sus Sonetos de amor oscuro, prodigio de pasión, de entusiasmo, de felicidad, de tormento; puro y ardiente monumento al amor, en que la primera materia es ya la carne, el corazón, el alma del poeta en trance de destrucción. Sorprendido yo mismo, no pude menos que quedarme mirándole y exclamar: ‘(…) ¡qué corazón! ¡Cuánto ha tenido que amar, cuánto que sufrir!’ Me miró y me sonrió como un niño. Al hablar así no era yo probablemente el que hablaba. Si esa obra no se ha perdido; si, para el honor de la poesía española y deleite de las generaciones hasta la consumación de la lengua, se conservan en alguna parte los originales, cuántos habrá que sepan, que aprendan y conozcan la capacidad extraordinaria, la hondura y la capacidad sin par del corazón de su poeta.”

Este texto fue escrito en el año 1937. Ya no vivía el poeta granadino. Un año antes, el 19 de agosto de 1936 era asesinado por la barbarie, la estupidez y la intolerancia. Ni siquiera muchos de los intelectuales afines al régimen se identificaron con tan irracional ajusticiamiento.

Neville recuerda las palabras de Federico, el joven andaluz que despertaba recelos y pasiones. El día 15 de julio de 1936 regresaba a Granada para retirarse de las insidias políticas y las viles banderías. Enemigo del odio y las salvajadas irracionales, su espíritu sensible pero ardido había proclamado muchas veces la igualdad y la libertad de los marginados y los indigentes:

“Me voy porque aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada, ni quiero saber nada… soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma”.

Lorca que regresa de Norteamérica marcado por una angustia insoportable sí habla de la cuestión social::

“En el fondo del fondo, yo soy el mismo ahora que en el primer verso. Es sólo las circunstancias las que me han obligado a adoptar esta posición. Las circunstancias que marcan la evolución del mundo y de la civilización tienen, y deben tenerla indefectiblemente, una excepcional influencia sobre los hombres“.(…) “El artista, como observador de la vida, no puede permanecer insensible a la cuestión social


Ciertamente Federico amaba con tal intensidad que era imposible en él cualquier pensamiento, deseo o acto conscientemente negativo que nos hiciera pensar en el trágico fin de su vida. Todos los que conocían al joven artista quedaban deslumbrados por su fascinadora mirada, por el don mágico de su cautivadora presencia. Todos los que lo conocieron testimonian la enorme suerte de haber sido amigos suyos. José María Pemán, de quien no puede sospecharse acercamiento alguno al sesgo ideológico del poeta, si es que tuvo alguno más salvo su incansable preocupación por la justicia social y el amor universal de los hombres, nos comenta con entusiasmo la alegría vital de Lorca y el deslumbramiento que ejercía entre sus compañeros de la residencia de estudiantes; ese embrujo que ya cautivó a Antonio Machado, profesor de francés en el Instituto de Baeza, hasta donde acudió, siguiendo una ruta artística, el joven Lorca con un grupo de estudiantes granadinos. El 10 de junio de 1916 se producía el encuentro. Tenía Federico dieciocho años. Tras la lectura del renuente Machado, Lorca se sienta al piano y arranca emoción y pasión en las gentes que no sólo escuchan…, ven, tocan, huelen y saborean los sones. Antonio Machado ya sabía que aquel muchacho soñaba con ser poeta, era ya poeta. Ian Gibson ha recogido éste e innumerables testimonios sobre el carisma de Lorca. Hoy se sigue manteniendo esta rotunda afirmación, clave para interpretar la personalidad y la voluntad del poeta, indicativas del feroz sinsentido de su muerte.

Pero mejor leer algunos de sus Sonetos del amor oscuro, como los llamó Aleixandre para encontrar sus palabras:

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

Este texto no es más que la afirmación del amor, el júbilo del carpe diem, el deseo humano y posible de su consumación terrena. Poemas de amor que el poeta escribe en plena madurez, sin atentar contra ninguna norma natural de los hombres.

EL POETA PIDE A SU AMOR QUE LE ESCRIBA

Amor de mis entrañas, viva muerte,
en vano espero tu palabra escrita
y pienso, con la flor que se marchita,
que si vivo sin mí quiero perderte.

El aire es inmortal, la piedra inerte
ni conoce la sombra ni la evita.
Corazón interior no necesita
la miel helada que la luna vierte.

Pero yo te sufrí, rasgué mis venas,
tigre y paloma, sobre tu cintura
en duelo de mordiscos y azucenas.

Llena, pues, de palabras mi locura
o déjame vivir en mi serena noche
del alma para siempre oscura.

Quizás éste sea una de los poemas de amor más desgarrado escrito por ser humano alguno. El poeta no calla, exclama, hierve, grita, mas -eso sí- en silencio, porque su amor no puede ser proclamado. La sociedad lo considera antinatural, reprobatorio, nocivo, intolerable.

El amor de Lorca trasciende la banalidad y el egoísmo, aunque a veces esté solo y solo se contemple como un hombre en el mundo

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