5.1 La Residencia de Estudiantes

En la Residencia de Estudiantes se organizó un foco cultural al que acudían los jóvenes con inquietudes en el Madrid del momento. Quizá la actividad que de forma más bella y profunda fue desarrollada entre sus famosos residentes fue la poesía, no olvidemos que de su seno surgieron los autores de la conocida como Generación del 27. Siguiendo a Ángel González se les podría denominar como “Poetas de la Residencia”, el centro fue como “una auténtica universidad permanente y libre, abierta a todos los vientos de la cultura”, como “un lugar de encuentro de intelectuales y artistas de todas las tendencias y meridianos”, logrando representar “un estímulo para los afanes culturales y universalistas de los poetas del 27”.

En el marco más estricto de la Residencia, la poesía fue una actividad individual que tomaba cuerpo raramente en una reunión colectiva, aunque la Residencia era centro de reunión de numerosos poetas: Juan Ramón Jiménez, Moreno Villa, Prados, Lorca, Celaya, Alberti, Salinas, Machado, Jorge Guillén, Dámaso Alonso y Miguel Ferrá. En sus noches, Lorca reunía en su cuarto a amigos para recitarles las últimas poesías, o Unamuno leía a Juan Ramón fragmentos de “El Cristo de Velázquez”.

Se celebraban también conferencias en un tono más oficial, en las que los propios residentes conmemoraban centenarios como en el caso de la celebración en torno a la figura de Góngora, evento que se considera acto fundacional de dicha Generación del 27. Además, y mediante tres vías distintas llegaron diversos poetas extranjeros a sus ilustres recintos, podían ser enviados por el Comité Hispano- Inglés, por la Sociedad de Cursos y Conferencias, o bien, hospedados por Alberto Jiménez Fraud. Así, algunos de los más famosos poetas del momento que visitaron la Residencia fueron tales como Teixeira de Pascoaes y Eugenio Castro -1922,Paul Valéry-1924, Paul Claudel-1925, Louis Dragón-1925, Max Jacob, Paul Eluard. En boca de Jiménez Fraud y para los poetas residentes: “esos poetas eran, la voz articulada, capaz de cantar melodiosamente el sentido de nuestra institución.”

Además de poesía, otro campo literario cultivado por los residentes fue el teatro. Todos los años se solía representar el Don Juan Tenorio de Zorrilla, vista desde un tono jocoso. En 1931, la Barraca, teatro universitario dirigido por Federico García Lorca, interpretó el entremés de Cervantes, Las dos habladoras y al auto sacramental de Calderón La vida es sueño. Este grupo tuvo una parte muy importante en su desarrollo dentro de la Residencia ya que siempre ensayaba en el Auditorium.

Otro campo dentro de las representaciones lo componían, las proyecciones cinematográficas, de las que se ocupaba Luis Buñuel, consiguiendo películas de Alberto Cavalcanti o de Jean Renoir, que se proyectaban los sábados, a la que previamente se da una explicación de lo que se disponían a disfrutar,para ello tan sólo debían pagar cinco pesetas al mes.

Uno de los grandes atractivos de la Residencia eran las tertulias nocturnas y cursillos de noche, a ellas asistían literatos, novelistas y escritores; la “intelligentzia” española que residía en Madrid, desde Unamuno residente, hasta Valle-Inclán, Manuel Machado, León Felipe, Eugenio D’ors y Federico de Onis fueron los primeros que tomaron parte en esas veladas y sus conferencias tomarían cuerpo de cara al gran público una vez impresas. No sólo se recibía a escritores del país, sino que por allí pasaron personalidades como Einstein, Madame Curie, Le Corbusier, Bernard Shaw, P. Valery, Aragon, Marinetti, Tagore…

A Dalí, recién llegado de Cataluña, lo “descubrió” en la Residencia Pepín Bello cuando al pasar ante la puerta abierta de su cuarto, vio dos de sus pinturas cubistas y difundió la noticia por los miembros del grupo. Su mejor amigo llegó a ser Tarquino el Soberbio, es decir, Buñuel, y sería éste el que sacaría al catalán de su encierro y lo iniciaría en la vida de un Madrid diferente que el aragonés conocía bien. Dominaba a la perfección los ambientes nocturnos, las tertulias, los cafés…En estas reuniones había pocas mujeres, las pocas que se aventuraban eran alguna “dama de la noche” o alguna extranjera emancipada o despistada” (Ian Gibson). Pero sí estaba la pintora Maruja Mallo que se consideraba a sí misma una moderna dispuesta a romper las reglas del juego.

Dalí y Lorca se conocieron en el 23. Ambos se sintieron fascinados con el otro. Desde entonces el cuarteto Dalí, Mallo, Lorca y Buñuel protagoniza numerosas correrías. Ella no se amilanaba y demostró una especial habilidad para el juego transgresor. Para ser admitida, jugaba a la ambigüedad de género luciendo el pelo corto y despeinado (a lo garçon).

Mallo contaba que Dalí le presentó a Lorca y éste la introdujo en la Residencia donde Federico guardaba en su armario un frutero lleno de limones rociados con azucarillos. Le regaló uno y le indicó que con esto ya pertenecía a la cofradía de la perdiz.

Otro elemento importante de la época era la aparición del charleston, del jazz. Iban siempre que podían a sentarse cerca de la primera orquesta de jazz que pasó por Madrid y bebían peppermint. Dice Mallo que Federico se colocaba el vaso a la altura de los ojos y decía “¿Te has dado cuenta de la maravilla de ver los negros a través del verde peppermint?”. Bebían también dry martines. Ella acudía escondiéndose porque no estaba bien visto que una señorita frecuentara esos sitios.

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