Puede que desde los pupitres de las aulas suene un poco lejano o estúpido esto que voy a decir, pero desde ya, justo antes de empezar el mes de mayo, siento que os estoy perdiendo. No es que nunca os haya tenido, lo sé, pero a veces, en algunas clases, se produce una atención especial ante algo que estamos leyendo, un argumento que os sintetizo, un comentario interesante por parte de alguien de la clase…, a veces, es sólo una mirada con una pizca o una carga grande de inquietud, otras una sonrisa cómplice que casi se os escapa… En esos instantes, sé que esto merece la pena. Por encima de los berrinches, del creciente desinterés, de las horas echadas en balde preparando algo que luego en clase no funciona, por encima de las faltas de asistencia (que a veces el profesor un poco más sensible de la cuenta puede tomar como un desprecio), por encima de todo, insisto, sé que merece la pena este intento de conectar con vosotros, (aunque no sea más que un instante) y soñar, con un idealismo cercano al del Quijote, con que alguna vez penséis que os ha servido para algo. Por eso, aún no os habéis ido y ya os echo de menos ante la pereza de empezar cada año de nuevo y trabajar muy duro y muy despacio para ir consiguiendo adeptos (aun a sabiendas de que, como decía Lorca, la poesía “no quiere adeptos, quiere amantes”).
Pero asumo, ¿cómo no? la primavera que se está haciendo fuerte, y con ella la presión de los últimos exámenes, de las últimas clases en las que todo se recibe ya como sin fe; asumo que estamos terminando el curso y veo que ya me empiezo a despedir, otra vez más, de vosotros, que nunca antes os habíais ido. Suerte con los exámenes