Búsqueda

Luis García Montero, El País


Las palabras se pierden, como las llaves, como las gafas, como los bolígrafos. En algunas ocasiones aparecen, sorprendidas en el desorden de las mesas, entre los libros, y los periódicos, entre los vasos de agua olvidada y los ceniceros. Sólo juegan con nuestra impaciencia, saltan por la cuerda floja de la cita a la que se llega tarde, del trabajo que espera, de la voz telefónica que intenta darnos un número o una dirección. Otras veces se pierden para siempre, hunden sus sílabas en el mar oscuro de las obsesiones, y ni siquiera puede sacarlas a flote la linterna silenciosa del psicoanalista.
También hay ladrones de palabras. Volvemos a casa y nos damos cuenta de que alguien ha metido la mano en la conversación y nos ha robado una palabra, como se roba una cartera, o bajamos a la calle y descubrimos que falta un adjetivo, como faltan un coche o una bicicleta. Brotan entonces los nervios, que también se pierden o se roban, maldecimos la mala suerte, nos quejamos del infortunio, y sólo nos queda la obligación incómoda, pero necesaria, de hacer cola en la comisaría para cumplir con los trámites de la denuncia. Los ciudadanos guardan cola delante de los diccionarios para buscar las palabras robadas. Cuando el policía nos pregunta si estamos seguros del delito, si no puede tratarse de una simple pérdida, conviene mantener la calma, no ofender a la autoridad o a los delincuentes. Hay que esforzarse en no envilecer la convivencia.
Llevo días buscando las palabras robadas, imaginando una posible sustitución de las quejas duras y las maldiciones. Llamar a las cosas por su nombre es violento cuando se habla de la soga en casa del ahorcado. Parece lógico que al hombre que apalea a su mujer no le resulte agradable la palabra maltratador. En un esfuerzo de concordia vecinal o laboral, podemos aludir al individuo de mano fácil que vive abrumado por los desarreglos de su vida conyugal. Si al policía que le parte la cabeza a una muchacha no le gusta la palabra represión, tal vez sea posible comentar las actuaciones de un profesional que cumple su obligación con una eficacia honestamente dura. Los asesinos que disparan por la espalda en El País Vasco quizá prefieran ser caracterizados como nacionalistas de dedo justiciero que llevan a cabo una misión con daños colaterales, simples carreteras hacia el futuro con accidentes de tráfico. El gobernante que decreta la invasión de un país y provoca un sinnúmero de cadáveres quemados no se muestra partidario de la palabra genocidio, a la que desprecia como una conspiración contra la estabilidad ciudadana. Posiblemente considere más correcto presentarse como el depositario de una verdad secreta, el responsable de una firmeza heroica, el líder que resiste a las presiones de la opinión pública, luchando en soledad contra la incomprensión y el descrédito callejero.
Sin ánimo de ofender, con ganas de asegurar la convivencia, llevo días buscando fórmulas alternativas. Asunto difícil, lo confieso, porque no me valen los eufemismos que van de boca en boca como monedas falsas. Los afectados deberían poner algo de su parte. Por ejemplo, los maltratadores podrían dejar de maltratar, los policías dejar de maltratar, los policías evitar la represión injustificada, los asesinos olvidarse de las pistolas, los genocidas de los genocidios y los mentirosos de las mentiras.

 

Publicado en on enero 12, 2012 at 9:32 am  Dejar un comentario  

El negro no entiende

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.
De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella.
Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.
Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y los consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, los observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: “Pero qué chiflados están los europeos”.

Rosa Montero, El País

Publicado en on enero 11, 2012 at 10:28 am  Dejar un comentario  

Llamada

No había nadie en el bar salvo ellos dos, una pareja de adolescente sentados frente a frente, bebiendo inocente refrescos de naranja. En la mesa, entre los vasos, habían dejado abiertos los teléfonos móviles, que sonaban a veces y entonces él o ella se ponía a charlar alegremente con un ser ajeno e invisible mientras el otro se quedaba hierático. El chico estaba muy enamorado de la chica, pero era incapaz de manifestarle su pasión. Sólo se atrevía a mirarla con intensidad a los ojos y ella ya había captado las turbulencias del corazón de su amigo y también le amaba, pero no podía ayudarle en nada, debido a su extremada timidez. Hablaban de cosas anodinas, sin comprometerse en absoluto. Las palabras iban del uno al otro directamente a través de la vibración del aire sobre el mármol de la mesa. El chico necesitaba declararle su amor y la chica esperaba que lo hiciera ya de una vez, un sueño imposible, porque entre ellos había una barrera psicológica insalvable. Cualquier gesto o inflexión de voz, al estar sus rostros tan cerca, podía delatar un sentimiento íntimo y eso les llenaba de terror. Había media luz en el bar, el hilo musical vertía una melodía propicia y los labios de los enamorados permanecían a una mínima distancia infranqueable. El corazón de los adolescentes tiene hoy un compartimento más. Se compone de dos ventrículos, de dos aurículas y de un teléfono móvil, que también bombea sangre. De pronto, este joven tímido y enamorado tuvo una inspiración. Usó el móvil para hablar con la chica que tenía delante sin dejar de mirarla profundamente a los ojos. Cuando sonó la llamada la chica descolgó. La pareja comenzó a hablarse de forma descarnada como si fueran invisibles. Ninguno de los dos ignoraba que a través de los móviles su voz se convertía en ondas electromagnéticas, viajaban al espacio sideral y luego volvía para penetrar en el cerebro del otro. Brutalmente desinhibido, el chico le dijo que la amaba. La chica le contestó que todas las noches soñaba con él, pero sus expresiones de amor sin amarras tenían dos vehículos: una voz recorría el aire sobre la mesa del bar por medio de la vibración natural y sonaba terriblemente vulgar; la otra bajaba desde un satélite de la estratosfera cargada de libertad e imaginación. “Te amo, te amo”, le decía el chico. “Oigo dos voces a la vez, ¿a cuál de ellas debo creer?”, preguntó ella. El chico le dijo que creyera en el amor que a través de las ondas magnéticas le llegaba por la sangre hasta el corazón.

Manuel Vicent, EL PAÍS

Publicado en on enero 11, 2012 at 10:18 am  Dejar un comentario  

Bolonia (II) la enseñanza

¿En qué consiste el «Proceso de Bolonia», esto es, el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)? No es un simple cambio en el plan de estudios, ya lo verán. Lo más complicado a la hora de explicarlo es separar los principios teóricos de las ejecuciones prácticas y, dentro de aquéllos, los que se declaran patentes y viajan en cubierta de los que, dicen los críticos, no están confesados y pueden ir en un submarino. Hoy toca cubierta.
Veremos lo más significativo y, por ello, más conflictivo. Empecemos por la enseñanza propiamente dicha. «Bolonia» intenta crear, como las siglas EEES indican, un sistema educativo común para Europa, extensible a otros países. Pero lo que va a ser común son los nombres de las titulaciones y los créditos (o sea, el número de horas) para el estudiante, pero no los contenidos, que se dejan a disposición de las universidades: como ahora, pues, si no se remedia.
Dichos créditos se otorgarán por el trabajo realizado dentro y fuera del aula, y esto último es muy importante por dos razones: una, por la dificultad que siempre ha habido en el control de tales trabajos y más aún con la facilidad que hoy se tiene para «inspirarse» en internet, y otra porque se va a reducir la clase tradicional, «presencial», a favor de enseñanzas teóricas y prácticas dirigidas pos tutores (es el sistema inglés y, sobre todo, el americano, que han sido el imán de «Bolonia»). No sé por qué la clase directa (la «magistral») tiene tan mala prensa; es en ella donde se vierte la experiencia nunca escrita del profesor, sus vivencias, su entusiasmo por su materia. No pocos estudiantes cambiaron su rumbo motivados por las clases «presenciales». Dudo que hubiera pasado lo mismo con clases «virtuales» y deseo vivamente que la antorcha de la experiencia sepa transmitirla el sistema tutorial que se nos viene encima, sistema que funciona en los países que siempre lo han tenido, los anglosajones, y que en nosotros será una dificultad añadida muy a tener en cuenta. [...]
   José Ignacio Cubero, ABC
Publicado en on enero 11, 2012 at 10:11 am  Dejar un comentario  

Tóxico. ROSA MONTERO. EL PAIS 15/03/2011

Estos días tengo la sensación de que la realidad es un espejo hecho añicos. En los países industrializados vivimos una existencia tan protegida que nos olvidamos de la absoluta fragilidad de las cosas; pero basta con que la Tierra se sacuda (y no es más que un pequeño planeta en las afueras de una galaxia cualquiera) para que volvamos a tomar conciencia de nuestra condición de pulgas, qué digo, de microbios pataleantes e inermes. Japón demuestra que ni la hipertecnología ni un elevado nivel de desarrollo convierten al ser humano en dueño de su destino. La aterradora crisis nuclear provocada por el terremoto es un clamoroso desmentido de nuestras pretensiones de amos del mundo. Somos microbios ignorantes jugando con fuerzas infinitamente más poderosas que nosotros.

En Onkalo, Finlandia, se está construyendo el almacén de residuos nucleares más grande del mundo. El proyecto empezó en 2001 y los trabajos no acabarán hasta 2100. Es un inmenso silo subterráneo concebido para durar 100.000 años, que es el tiempo que tardan los residuos nucleares en dejar de ser dañinos. ¡Qué megalomaníaca locura! Nuestra especie solo tiene 50.000 años. ¿Cómo podemos aspirar a construir algo tan inhumanamente perdurable? ¿Y cómo nos las arreglaremos para advertir a los posibles habitantes del planeta, dentro de milenios, de lo peligroso que es ese lugar? Si se encuentran con algo tan cerrado y tan defendido, ¿no se empeñarán justamente en entrar, destapando así la mortífera caja de Pandora? Preocupados por la futura seguridad del sitio, los diseñadores de Onkalo piensan que lo mejor es crear un mito alrededor, convertirlo en un lugar sagrado que infunda miedo. Estamos haciendo las cosas tan mal que, cuando nuestra civilización desaparezca, dejaremos de legado el tóxico sepulcro de un dios radiactivo.

Publicado en on noviembre 21, 2011 at 10:13 am  Dejar un comentario  

Cultura, crisis y telebasura. Joana Bonet. La Vanguardia.

Cierto es que los canales no son escuelas, sino empresas con cuentas de resultados, pero, como reflexiona Basilio Baltasar, director de la fundación, “la audiencia masiva, cautivada por la banalidad (y a veces por la perversidad), obliga a notables profesionales de la televisión a recelar de la cultura; este es otro de nuestros logros contemporáneos”. El equilibrio entre la difusión cultural y el entretenimiento es inestable, y se hace añicos con una de las particularidades de nuestra televisión: la telebasura, terreno en el que, como afirmaba The Guardian, los españoles somos líderes mundiales. El representante de Mediaset, Javier López Cuenllas, afirmó que denunciar la telebasura “está socialmente bien visto”, y se preguntaba por qué no se habla de ella cuando hay una televisión que manipula continuamente en sus informativos. No ha sido el caso de TVE durante el Gobierno de Zapatero pensé, en el que los equipos de informativos han trabajado con independencia y pluralidad y han ganado premios internacionales por su excelencia. Ojalá un cambio de gobierno no signifique que la telebasura se cuele también en los telediarios.

Publicado en on noviembre 21, 2011 at 10:07 am  Dejar un comentario  

Guerreras de la libertad y “misses” ñoñas. Rosa Montero, EL PAIS 2,10,2011

Pocas cosas me parecen tan irritantes como los concursos de misses. Tan bobamente machistas, tan antiguos, tan cursis, tan cutres por debajo del recargado oropel y la purpurina. Son la apoteosis de la falsedad, empezando por los diamantes de culo de vaso que adornan las coronas y terminando por los supuestos valores que encarnan las muchachas: ya saben, esa tontuna de hacerles repetir en el escenario “lo que yo más deseo es la paz en el mundo”, mientras sacan caderita y pestañean muy lánguidas. Por no mencionar que estas supuestas bellezas naturales están cada día más recauchutadas, con las narices remodeladas, los pechos inflados con prótesis de silicona, los glúteos apuntalados quirúrgicamente y las carnecillas pespunteadas por todas partes. Pero la realidad, claro, es relativa, y basta con cambiar de perspectiva para verlo todo muy diferente. Hace un par de semanas se celebró en Brasil la final de Miss Universo. Ganó una angoleña y en segundo lugar quedó una ucraniana; y, mientras contemplaba la foto de ambas en el momento del premio, con los pelos tiesos de laca y las sonrisas exageradas y teatrales, me acordé de otra chica de Ucrania que también fue miss o quiso serlo. Se llamaba Katya Koren, tenía 19 años, era musulmana y participó en un concurso de belleza en la región de Crimea. Quedó la séptima. Poco después su cadáver apareció chamuscado en un bosque: un grupo de chicos musulmanes la habían lapidado y quemado por entrar en un certamen de este tipo. Detuvieron a tres jóvenes; uno de ellos, de 16 años, se mostró orgulloso de haber aplicado la sharía a una pecadora semejante. Hay una foto de Katya dando vueltas por Internet, una instantánea de mala calidad; era una chica preciosa, de rostro redondo y muy simpático. Todo esto sucedió a finales de mayo, hace apenas cuatro meses. De modo que Katya fue una mártir del progreso, del feminismo y de la libertad por el mero hecho de querer ser miss. Y no es sólo su caso: en la última década, los concursos de belleza se han convertido en una punta de lanza de la lucha por la modernización en las sociedades más fanatizadas del islam. Recordarán que en el año 2002 se iba a celebrar la final de Miss Mundo en Nigeria, pero los disturbios de protesta organizados por los integristas musulmanes fueron tales (hubo un centenar de muertos) que tuvieron que trasladar la gala a Londres. Más aún: la pobre Isioma Daniel, una periodista especializada en moda del periódico nigeriano This Day, que había escrito sobre el certamen de Miss Mundo, fue condenada a muerte por una fatwa y tuvo que abandonar a toda prisa su país (ignoro si aún continua en el exilio). En fin, hoy vemos a esas misses de sonrisas blanqueadas y trajes horribles y nos parece todo un montaje banal y ridículo, pero lo cierto es que hasta conseguir llegar a esa ridiculez ha habido siglos de luchas sociales. Que esas chicas estén hoy en un escenario en bañador ha costado mucho sufrimiento y mucha sangre. Es extraordinario lo despacio que avanza el mundo y lo fácil que es perder en un momento los pequeños avances conseguidos por generaciones de héroes. Todo es relativo, en efecto, y los paladines del progreso pueden ser personas que realicen actividades en apariencia idiotas. Por ejemplo, hay jóvenes turcos que se reúnen para hacer botellón en las calles, y al parecer son los más activos socialmente, los más concienciados, unos militantes de la modernidad que quizá incluso sean abstemios, pero que utilizan el botellónPocas cosas me parecen tan irritantes como los concursos de misses. Tan bobamente machistas, tan antiguos, tan cursis, tan cutres por debajo del recargado oropel y la purpurina. Son la apoteosis de la falsedad, empezando por los diamantes de culo de vaso que adornan las coronas y terminando por los supuestos valores que encarnan las muchachas: ya saben, esa tontuna de hacerles repetir en el escenario “lo que yo más deseo es la paz en el mundo”, mientras sacan caderita y pestañean muy lánguidas. Por no mencionar que estas supuestas bellezas naturales están cada día más recauchutadas, con las narices remodeladas, los pechos inflados con prótesis de silicona, los glúteos apuntalados quirúrgicamente y las carnecillas pespunteadas por todas partes. Pero la realidad, claro, es relativa, y basta con cambiar de perspectiva para verlo todo muy diferente. Hace un par de semanas se celebró en Brasil la final de Miss Universo. Ganó una angoleña y en segundo lugar quedó una ucraniana; y, mientras contemplaba la foto de ambas en el momento del premio, con los pelos tiesos de laca y las sonrisas exageradas y teatrales, me acordé de otra chica de Ucrania que también fue miss o quiso serlo. Se llamaba Katya Koren, tenía 19 años, era musulmana y participó en un concurso de belleza en la región de Crimea. Quedó la séptima. Poco después su cadáver apareció chamuscado en un bosque: un grupo de chicos musulmanes la habían lapidado y quemado por entrar en un certamen de este tipo. Detuvieron a tres jóvenes; uno de ellos, de 16 años, se mostró orgulloso de haber aplicado la sharía a una pecadora semejante. Hay una foto de Katya dando vueltas por Internet, una instantánea de mala calidad; era una chica preciosa, de rostro redondo y muy simpático. Todo esto sucedió a finales de mayo, hace apenas cuatro meses. De modo que Katya fue una mártir del progreso, del feminismo y de la libertad por el mero hecho de querer ser miss. Y no es sólo su caso: en la última década, los concursos de belleza se han convertido en una punta de lanza de la lucha por la modernización en las sociedades más fanatizadas del islam. Recordarán que en el año 2002 se iba a celebrar la final de Miss Mundo en Nigeria, pero los disturbios de protesta organizados por los integristas musulmanes fueron tales (hubo un centenar de muertos) que tuvieron que trasladar la gala a Londres. Más aún: la pobre Isioma Daniel, una periodista especializada en moda del periódico nigeriano This Day, que había escrito sobre el certamen de Miss Mundo, fue condenada a muerte por una fatwa y tuvo que abandonar a toda prisa su país (ignoro si aún continua en el exilio). En fin, hoy vemos a esas misses de sonrisas blanqueadas y trajes horribles y nos parece todo un montaje banal y ridículo, pero lo cierto es que hasta conseguir llegar a esa ridiculez ha habido siglos de luchas sociales. Que esas chicas estén hoy en un escenario en bañador ha costado mucho sufrimiento y mucha sangre. Es extraordinario lo despacio que avanza el mundo y lo fácil que es perder en un momento los pequeños avances conseguidos por generaciones de héroes. Todo es relativo, en efecto, y los paladines del progreso pueden ser personas que realicen actividades en apariencia idiotas. Por ejemplo, hay jóvenes turcos que se reúnen para hacer botellón en las calles, y al parecer son los más activos socialmente, los más concienciados, unos militantes de la modernidad que quizá incluso sean abstemios, pero que utilizan el botellón como arma política. Y hace unas semanas vi en El Mundo un perfil de la actriz y directora afgana Saba Sahar, que desde el año 2002 produce y protagoniza en su país unas probablemente espantosas películas de kung-fu en las que la heroína, ella, se dedica a repartir golpes de karate a todo quisque. Basta con ver la foto de Saba vestida de guerrera en uno de sus filmes, con unos 120 kilos de maquillaje sobre el rostro, para imaginar el tono de la cosa; pero en sus películas, ambientadas todas ellas en Afganistán y muy populares en su país, las mujeres conducen motos, son policías y se remangan el burka para dar patadas a los violadores. Serán cinematográficamente horribles, seguro, pero también son efectivas, liberadoras, didácticas y subversivas. La vida es así de rara y se va escribiendo con renglones torcidos. como arma política. Y hace unas semanas vi en El Mundo un perfil de la actriz y directora afgana Saba Sahar, que desde el año 2002 produce y protagoniza en su país unas probablemente espantosas películas de kung-fu en las que la heroína, ella, se dedica a repartir golpes de karate a todo quisque. Basta con ver la foto de Saba vestida de guerrera en uno de sus filmes, con unos 120 kilos de maquillaje sobre el rostro, para imaginar el tono de la cosa; pero en sus películas, ambientadas todas ellas en Afganistán y muy populares en su país, las mujeres conducen motos, son policías y se remangan el burka para dar patadas a los violadores. Serán cinematográficamente horribles, seguro, pero también son efectivas, liberadoras, didácticas y subversivas. La vida es así de rara y se va escribiendo con renglones torcidos.

Publicado en on noviembre 21, 2011 at 10:03 am  Dejar un comentario  

Ironías. Juan José Millás

Entre parado y preparado no hay más que un prefijo, distancia que, si nunca fue excesiva, con la crisis se ha reducido hasta extremos insoportables. De hecho, ahora todos los trabajadores somos, en potencia, preparados. La recomendación tradicional de los padres (“hijo, debes formarte para estar preparado”) ha devenido en una ironía sangrienta, igual que la expresión “jamás hemos tenido una juventud tan preparada”. En efecto, nunca hemos tenido una juventud tan cerca de quedarse en el paro; la mitad de los que acaben sus estudios este año se encuentran ya en situación de preparados. El significado se desliza por debajo de las palabras con el sigilo de una sombra asesina. Estar preparado, que en otro tiempo quiso decir haber estudiado dos carreras y cuatro idiomas, significa hoy encontrarse en la situación previa al desempleo, en el umbral del paro, en la frontera de la desesperación laboral. Ahora que habíamos logrado vivir como si no fuéramos a morir nunca, vamos a la oficina con la certidumbre de que nuestro empleo es la antesala del desempleo. Por eso hay también más trabajadores prejubilados que jubilados y contribuyentes más preocupados que ocupados. Hubo un tiempo, ¿recuerdan?, en el que el prefijo de moda fue pos: nos encontrábamos de súbito en la posmodernidad, en la poshistoria, en la era posindustrial o posanalógica. Parece mentira que un cambio de prefijo implique un cambio tan grande de cultura. Ahora todo es más premeditado que meditado, hay también más prejuicios que juicios y presentimos las cosas antes de sentirlas. Perdido su prestigio el pos, nos hemos dado de bruces con el pre. Pero no imaginábamos, la verdad, un pre tan duro, un pre de premonición, sobre todo sabiendo como sabemos desde el principio de los tiempos que no hay presentimientos buenos, pues no existen los profetas de la dicha.

EL PAIS, 11-XI-2011

 

Publicado en on noviembre 21, 2011 at 9:59 am  Dejar un comentario  

Relaciones semánticas, niveles de la lengua, clasificación de palabras por su formación

Para repasar las relaciones semánticas puedes ir a este enlace y hacer los ejercicios propuestos, están muy bien porque se relacionan con los distintos registros de la lengua según sean más o menos formales, orales o escritos. Además encontrarás ejercicios sobre la clasificación de las palabras por su formación (muy, muy fáciles. Si quieres profundizar debes ir al siguiente enlace):

http://contenidos.educarex.es/mci/2003/46/html/teoria_semantica.html#

Con el siguiente enlace, creo que puedes profundizar mucho más en tu conocimiento de prefijos y sufijos. Te aconsejo que hagas todos los ejercicios:

http://adrianapadron.lacoctelera.net/post/2009/11/16/ejercicios-derivaciones-sufijos-y-prefijos

Publicado en on octubre 13, 2011 at 9:01 am  Comentarios (3)  

Práctica del Romanticismo

¿Por qué es romántico este texto? Lee estos fragmentos de Don Álvaro o la fuerza del sino e intenta deducir las carcterísticas generales y de género que hemos estudiado en el romanticismo:

Jornada primera

La escena es en Sevilla y sus alrededores

La escena representa la entrada del antiguo puente de barcas de Triana, el que estará practicable a la derecha. En primer término, al mismo lado, un aguaducho, o barraca de tablas y lonas, con un letrero que diga: Agua de Tomares; dentro habrá un mostrador rústico con cuatro grandes cántaros, macetas de flores, vasos, un anafre con una cafetera de hoja de lata, y una bandeja con azucarillos. Delante del aguaducho habrá bancos de pino. Al fondo se descubrirá de lejos parte del arrabal de Triana, la huerta de los Remedios con sus altos cipreses, el río y varios barcos en él, con flámulas y gallardetes. A la izquierda se verá en lontananza la Alameda. Varios habitantes de Sevilla cruzarán en todas direcciones durante la escena. El cielo demostrará el ponerse el sol en una tarde de julio, y al descorrerse el telón aparecerán: EL TÍO PACO, detrás del mostrador en mangas de camisa; EL OFICIAL, bebiendo un vaso de agua, y de pie; PRECIOSILLA, a su lado templando una guitarra; EL MAJO y los DOS HABITANTES DE SEVILLA, sentados en los bancos.

Escena I

OFICIAL.- Vamos, Preciosilla, cántanos la rondeña. Pronto, pronto: ya está bien templada

PRECIOSILLA.- Señorito, no sea su merced tan súpito. Déme antes esa mano, y le diré la buenaventura.

OFICIAL.-  Quita, que no quiero zalamerías. Aunque efectivamente tuvieras la habilidad de decirme lo que me ha de suceder, no quisiera oírtelo… Sí, casi siempre conviene el ignorarlo

MAJO.- (Levantándose.) Pues yo quiero que me diga la buenaventura esta prenda. He aquí mi mano.

PRECIOSILLA.- Retire usted allá esa porquería… ¡Jesús, ni verla quiero, no sea que se encele aquella niña de los ojos grandes!

MAJO.-   (Sentándose.) ¡Qué se ha de encelar de ti, pendón!

PRECIOSILLA.-  Vaya, saleroso, no se cargue usted de estera; convídeme a alguna cosita.

MAJO.- Tío Paco, déle usted un vaso de agua a esta criatura, por mi cuenta.

PRECIOSILLA.- ¿Y con panal?

OFICIAL.- Sí, y después que te refresques el garguero y que te endulces la boca, nos cantarás las corraleras

(El aguador sirve un vaso de agua con panal a PRECIOSILLA, y el OFICIAL se sienta junto al MAJO.) (…)

 

Escena III

Empieza a anochecer, y se va oscureciendo el teatro. DON ÁLVARO sale embozado en una capa de seda, con un gran sombrero blanco, botines y espuelas; cruza lentamente la escena mirando con dignidad y melancolía a todos lados, y se va por el puente. Todos le observan en gran silencio

Escena IV

MAJO.- ¿Adónde irá a estas horas?

CANÓNIGO.-  A tomar el fresco al Altozano.

TÍO PACO.-  Dios vaya con él.

MILITAR.- ¿A qué va al Aljarafe?

TÍO PACO.- Yo no sé, pero como estoy siempre aquí de día y de noche, soy un vigilante centinela de cuanto pasa por esta puente… Hace tres días que a media tarde pasa por ella hacia allá un negro con dos caballos de mano, y que don Álvaro pasa a estas horas; y luego a las cinco de la mañana vuelve a pasar hacia acá, siempre a pie, y como media hora después pasa el negro con los mismos caballos llenos de polvo y de sudor.

CANÓNIGO.- ¿Cómo?… ¿Qué me cuenta usted, tío Paco?…

TÍO PACO.- Yo, nada; digo lo que he visto; y esta tarde ya ha pasado el negro, y hoy no lleva dos caballos, sino tres.

HABITANTE 1º.- Lo que es atravesar el puente hacia allá a estas horas, he visto yo a don Álvaro tres tardes seguidas.

MAJO.-  Y yo he visto ayer, a la salida de Triana, al negro con los caballos.

HABITANTE 2º.- Y anoche, viniendo yo de San Juan de Alfarache, me paré en medio del olivar a apretar las cinchas a mi caballo, y pasó a mi lado, sin verme y a escape, don Álvaro, como alma que llevan los demonios, y detrás iba el negro. Los conocí por la jaca torda, que no se puede despintar… ¡Cada relámpago que daban las herraduras!…

CANÓNIGO.- (Levantándose y aparte.) ¡Hola! ¡hola!… Preciso es dar aviso al señor marqués.

MILITAR.-  Me alegraría de que la niña traspusiese una noche con su amante, y dejara al vejete pelándose las barbas.

CANÓNIGO.- Buenas noches, caballeros; me voy, que empieza a ser tarde. (Aparte, yéndose.) Sería faltar a la amistad no avisar al instante al marqués de que don Álvaro le ronda la hacienda. Tal vez podamos evitar una desgracia.

Escena V

El teatro representa una sala colgada de damasco, con retratos de familia, escudos de armas y los adornos que se estilaban en el siglo pasado, pero todo deteriorado, y habrá dos balcones, uno cerrado y otro abierto y practicable, por el que se verá un cielo puro, iluminado por la luna, y algunas copas de árboles. Se pondrá en medio una mesa con tapete de damasco, y sobre ella habrá una guitarra, vasos chinescos con flores, y dos candeleros de plata con velas, únicas luces que alumbrarán la escena. Junto a la mesa habrá un sillón. Por la izquierda entrará el MARQUÉS DE CALATRAVA con una palmatoria en la mano, y detrás de él DOÑA LEONOR, y por la derecha entra la CRIADA.

MARQUÉS (Abrazando y besando a su hija.)

 

Buenas noches, hija mía;

hágate una santa el cielo.

Adiós, mi amor, mi consuelo,

mi esperanza, mi alegría.

No dirás que no es galán 5

tu padre. No descansara

si hasta aquí no te alumbrara

todas las noches… Están

abiertos estos balcones

(Los cierra.)

y entra relente… Leonor… 10

¿Nada me dice tu amor?

¿Por qué tan triste te pones?

 

DOÑA LEONOR (Abatida y turbada.)

Buenas noches, padre mío.

Publicado en on octubre 2, 2011 at 7:45 am  Dejar un comentario  
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